Los
demonios nuestros de cada día
José Cukier labra sus jardines
de espectros, sus imágenes del alma y sus criaturas
del desconsuelo con ciertos matices expresionistas que
se acercan notablemente a ese sentimiento trágico
de la vida que ya con Miguel de Unamuno esparciera inquietantemente
en tantos de sus libros, como si la vida fuese un desnudo
desfile de arcángeles malditos, alejados del
amor y constantemente sin sosiego. Sus pinturas acentúan
el oscuro destino de los desesperanzados, que no
obstante no rehúsan su fe ni sus expectativas,
acostumbrados empero a un desconsuelo lacerante y a
un alejamiento que no tiene pausa ni descanso.
Quien contemple sus cuadros se estremecerá
con sus demonios, que sin cesar nos habitan, o tenderá
las manos hacia esos rostros colmados de antigua sabiduría,
dispuestos siempre a acompañarnos en nuestros
desvelos o en nuestros insomnios y nuestras contriciones.
El universo plástico de Cukier, erguido y desafiante,
es el testimonio de una presencia que no acepta imposiciones
ni coerciones que no sean la llamante afirmación
de la fantasía, y constituyen un aporte noble
y singular a los más ricos territorios de la
pintura, que a través de las obras del artista
se afirma prodigiosamente.
César Magrini
Escritor y Crítico de Arte
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